El Compromiso de una Tía: Ser Defensora 

Blog por Elise Mercer

Tengo una sobrina y un sobrino. Mi sobrina me llama por el sobrenombre que ella me puso cuando empezaba a hablar. De hecho, es un poco inquietante escuchar que mi nombre salga de su boca. A ella la han descrito como mandona, pero eso es sólo un resultado de que sus padres han inculcado en ella un fuerte sentido de sí misma y la habilidad de tener su propia voz. Ella es muy dulce, aunque tiene sus días cuando ella se derrumba en un «sollozo de princesa”. Ella es como cualquier otro niño: se frustra cuando le dicen que no se puede quedar levantada jugando pasada su hora de dormir.  Con frecuencia me sorprendo por lo genial, divertida, e inteligente que ella es y ¡esto que aún es pequeña! Yo le digo que ella es mi nena favorita de todo el mundo y mi corazón se derrite cada vez que ella me dice que yo también soy su chica favorita. De vez en cuando, le hago preguntas retóricas como por ejemplo ¿sabes cuánto te amo? (Obviamente la amo muchísimo.) Y ella me responde algo como “Sí, desde la tierra hasta la cima de la galaxia.” A lo cual yo sólo puedo responder “así es.” Quiero que siga siendo la nena feliz, inteligente, y divertida que es.

La palabra más utilizada en el vocabulario de mi sobrino es “camión”. Le encantan los camiones de bomberos, los camiones de volcar, y los camiones que recogen la basura. Si uno lo está cargando y él tiene en sus manos un vehículo de juguete, inevitablemente uno se convertirá en una autopista. El conduce camiones sobre mi brazo, mi hombro, y mi cuello, y generalmente se enredan en mi cabello, y me toca desenredarlos cuidadosamente antes de que él empiece a querer tomar el juguete y yo termine con un parche de calvicie. Le encanta acostarse en el suelo, tocando el suelo con la cara, para que sus ojos estén al nivel de su pequeña autopista imaginaria. Aun no puede decir muchas palabras, pero poco a poco está expandiendo su repertorio de efectos de sonidos relacionados con camiones: gruñe como un motor, suelta un sonido agudo cuando está retrocediendo uno de los camiones, y hace el sonido perfecto cuando hace que choquen. Él es un niño tan dulce y juguetón que quiere saludar a cada camión estacionado por el cual pasamos cuando damos un paseo. Nunca quiere que alguien salga de casa sin él, y definitivamente no quiere quedar excluido.

Es un privilegio ser parte de la infancia de mi sobrina y de mi sobrino, y verlos crecer y aprender. Los amo tanto, es increíble. Quizás yo no sea un padre de familia, pero todavía hay niños por quienes soy responsable de defender y tomo seriamente mi posición en su línea de defensa. Para defender a mi sobrina y mi sobrino, necesito estar educada acerca de cómo establecer y mantener límites saludables con ellos, siempre estar en comunicación con sus padres cuando hay algo que se debe abordar y nunca avergonzarlos. Todo adulto es responsable de la protección de los niños a su alrededor. Los padres podrían ser la primera línea de defensa, pero como una tía que soy, yo puedo ayudar. Incluso si no eres padre, probablemente conoces a un niño, y puede ser una parte de su infancia segura y feliz. Ellos no tienen que preocuparse de nada más que ser niños.

En los Estados Unidos, 1 de cada 4 niñas y 1 de cada 6 niños serán abusados sexualmente antes de los 18 años.

Sólo la idea de asociar los nombres de mi sobrina y sobrino a esta estadística desgarradora es suficiente para llevarme hasta las lágrimas. Pero eludir esta realidad no los protege; estar educado e informado sí. Los niños no necesitan conocer todos los peligros que existen, pero aquellos de nosotros preocupados por protegerlos, sí.

Elise Mercer es graduada de la Universidad de Brigham Young en el ramo de Sociología. A ella le encanta visitar Parques Nacionales, y acuarios.