Piensa en la última vez que empezaste un nuevo trabajo. Las preguntas inundaron tu mente. ¿Cómo serán tus nuevos colegas? ¿Cuál es exactamente tu papel en el equipo? ¿Vas a ser capaz de hacer una valiosa contribución? Estás emocionado, pero experimentas muchas dudas al principio. Hay tantas incertidumbres. No conoces a nadie. No sabes cómo será tu día de trabajo. Ni siquiera sabes exactamente dónde estará tu escritorio. Nunca es fácil empezar algo nuevo.

Ahora considera cómo sería si constantemente te enfrentaras a cosas totalmente nuevas y desconocidas en tu trabajo. Tan pronto como aprendiste una cosa, todo cambió y tuviste que empezar de nuevo. Cuando te detienes a pensarlo, los primeros años de la vida de un niño son como tener un trabajo en constante cambio. Tan pronto como un niño domina una habilidad, hay una nueva esperando para tomar su lugar. Piensa en lo duro que trabaja un bebé para aprender a darse vuelta. Entonces tiene que averiguar cómo gatear, pero eso es sólo el principio. Caminar viene después. Y sólo estamos hablando de cómo moverse. ¿Qué hay de los desafíos de interactuar con padres y hermanos, aprender a hablar, ir a la escuela, hacer amigos? La lista sigue y sigue. ¡Es una maravilla que no todos nos abrumemos por completo y nos rindamos!

Tú estás ahí para ayudar a tu hijo a superar todos los desafíos y dudas que se presentan al crecer. Al ayudar a tu hijo a desarrollar su autoestima, tú lo estás preparando para el éxito y protegiéndolo del riesgo de abuso sexual. Los perpetradores a menudo atacan a niños que están solos y aislados. Y, si se ha producido abuso sexual, la autoestima de tu hijo es especialmente importante y desafiante. Las investigaciones han demostrado que la baja autoestima puede ser uno de los efectos más comunes a largo plazo debido al abuso. 1

Como padre, tú puedes hacer mucho para fortalecer a tu hijo. Un experto señala: «A la pregunta: ‘¿Cuáles son las influencias más importantes en la autoestima?’, la respuesta sencilla son los padres». Stanley Coppersmith identificó cuatro maneras específicas en que los padres pueden desarrollar la autoestima de los niños. 1

01

Acepte a su hijo y muestre afecto.

La conclusión es que tú y tu opinión le importan a tu hijo, especialmente cuando es pequeño. Asegúrate de comunicarle a menudo de que amas a tu hijo y lo aceptas, con todas sus fortalezas y debilidades.

02

Comunicar y modelar estándares claros.

Los niños se comportan en gran medida según lo que ven, especialmente de sus padres. Si observan que tienes normas y que vivir según tus estándares te brinda satisfacción y confianza, ellos harán lo mismo.

03

Base la disciplina en la explicación en lugar de la fuerza.

Equivocarse es una parte inevitable de la vida. Cuando tu hijo cometa un error, míralo como una oportunidad para enseñarle a tu hijo y explicar por qué hay un problema con su comportamiento. Si las calificaciones bajan, no digas, «Eres perezoso, y tienes que obtener mejores calificaciones porque yo lo digo». Di, «Estoy preocupado por tus calificaciones.» 2 Habla sobre la importancia de la educación y el trabajo duro. Una explicación ayudará a tu hijo a entender por qué algo es importante y a desarrollar su confianza en su capacidad para lograr cosas difíciles por las razones correctas.

04

Invite a los niños a expresar opiniones sobre las decisiones familiares

Si le preguntas a tu hijo qué piensan de algo, tú estás enviando el mensaje: «Tienes grandes ideas que contribuir, y me importa lo que piensas». Tu confianza en tu hijo aumentará su confianza en sí mismo.

Los chicos con alta autoestima son seguros y autónomos, lo que los convierte en un objetivo más difícil para un posible perpetrador. Ayuda a tu hijo a verse a sí mismo como la persona talentosa y capaz que tú sabes que es.

Referencias:
1. Emler, N. (2001). Autoestima: Los costos y causas de la baja autoestima . Layerthorpe: Publicado para la Fundación Joseph Rowntree de YPS.
2. Sieving, R. E., & Zirbel-Donisch, S. T. (1990). Development and enhancement of self-esteem in children. Journal of Pediatric Health Care, 4(6), p. 294.

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